martes, 31 de julio de 2007

Quintana Roo en el VII Encuentro de la Cultura Maya

Ponencia para la mesa de Espiritualidad presentada por María Floridelma Chí Poot, miembro del grupo comunitario "Ko'one'ex Ka'ansik ak miantsil" y delegada por Quintana Roo, México.

En México, en la región maya, los abuelos cuentan como trabajaban con los yuumtsilo’ob, los dioses mayas (por ejemplo, Yuum Cháak, Yuum K’aax o Juan del Monte, los Aluxes). En la temporada del chicle, Juan del monte les llenaba la bolsa con esta preciada resina, y cuando los chicleros se propasaban este yuumtsil les ponía un alto, les hacía ver cosas raras, les daba dolor de cabeza, etc.. En la temporada de la milpa Yuum Cháak les regalaba agua y los aluxes les cuidaban las siembras, y cuando descuidaban a estos yuumtsiles, se marchitaban los sembrados, el dueño de la milpa se enfermaba de cólicos, dolor de cabeza, dejaba de llover etc.. A los cazadores también les ayudaban a cazar y cuando se les pasaba la mano a estos, cazando de más, se perdían en la selva y los familiares tenían que celebrar la ceremonia del sak ja’ para que los regresara a casa. Los abuelos hacían un convenio con Juan del monte y los Aluxes; platicaban con ellos, comían con ellos, relajeaban con ellos, se hacían sus amigos, pero cuando no les cumplían a estos personajes espirituales, se los recordaban con una enfermedad; entonces iban con él j-men que intercedía por los abuelos y quedaban bien.

Para agradecer los cuidados de los Yuumtsilo’ob, se les ofrecían las primeras cosechas acompañadas de ceremonias y rezos, comidas. Los primeros elotes cosechados eran muy preciados, estos se rezaban y se ofrecían simbólicamente y luego se regalaban a los que asistían o a la gente del pueblo.

Los campesinos, los chicleros y los cazadores de ahora se quejan que no llueve, los árboles de zapote explotados que quedan están secos, ya no rinden con resina para el preciado producto: el chicle, los animales ya no aparecen porque ya nadie practica la ceremonia y ya no tienen contacto respetuoso con la naturaleza. Ahora los papás les dicen a sus hijos “No pises la tierra”, “Te puedes enfermar”, me pregunto cómo nos podemos enfermar de la tierra; ella nos da todo lo que necesitamos, lo que nos enferma es la contaminación que hacemos al tirar pañales desechables, plásticos y demás basura en la selva, quemar y talar árboles que producen el aire puro.

Los niños ya no saben quienes son los yuumtsilo’ob, las deidades o duendes mayas; poco saben de la existencia de estos seres naturales y este dato resulta de importancia, porque si no retomamos lo que hacían antes los abuelos, dentro de poco tiempo ya no existirá nuestra tierra.

Las organizaciones, las escuelas, toda la gente, deben a partir de hoy establecer relaciones más personales y respetuosas con los sabios mayas conocedores de este esplendor y don de conocimientos sobre las ceremonias tradicionales. Esto es muy difícil porque entre los abuelos ya hay mucha desconfianza. Piensan que si nos acercamos a preguntarles sobre sus conocimientos, lucraremos después con ello y sacaremos beneficio para nosotros mismos cuando debe ser para todos. Anteriormente estaban dispuestos a compartir lo que sabían cuando los primeros investigadores extranjeros llegaron a tierras mayas pero defraudaron su confianza robándose sus conocimientos sobre medicina, el monte, la historia y los antiguos objetos que dejaron los antepasados. Una forma de ganar nuevamente su confianza puede ser la de ser claros con ellos sobre para qué queremos consultarles y cómo aprovecharemos sus conocimientos en beneficio de todos los mayas y los pueblos indígenas. Para que volvamos a contar con ellos, debemos presentarles evidencias de la forma en que hemos utilizado lo que nos han compartido, presentaciones de power point, libros, fotos, programas y cápsulas radiofónicas, videos, etc., pero que no se queden con esa sensación de que se les ha robado otra vez.